Ella detiene la vista unos minutos antes de iniciar a escribir, entrelaza los dedos de su mano derecha a su mano izquierda, signo total de incomplacencia. Suspira, ¿Qué decir? Las letras no danzan con el ritmo de una sonrisa, en realidad, se marean si se intenta fingir.
Ella, la chica del fondo de la plaza de las palmas, está saboreando la última letra de su cuaderno de doble raya y letra cursiva, pegado al cuerpo siempre lo lleva, aunque sus hojas se arruguen, nunca le falta.
Pegado porque no hay lugar que le recuerde donde nunca estuvo, hay historias que contar de cada uno.
Ella, no lleva un nombre de pila, no le sirven las iniciales para empezar una conversación pues no le interesa,
se le van los colores entre el faldón de dubetina y las estrellas del bar donde canta.
Se le van también las ideas al puño mientras calla, el sonido del lugar denota una rumba de contoneo, para un corazón loco el de un: "Te quiero".
Dos tipos parados en el centro del lugar tocan instrumentos de viento. Improvisan las notas de la tarde mientras mezclan café y tabaco. Sus manos lucen el la figura de un sentimiento que cura, no sólo la tristeza sino también el de una frase la que tu elijas, la que más te duela.
Venir aquí, se siente como partir a tierras lejanas, cerrar los ojos mientras el sonido de los buques se acerca. Abrir el alma al puerto, sentir el rayo de sol en el vientre.
Ella dijo alguna vez un "Te quiero", le sale muy bien cuando miente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario